Mi experiencia como alumna de altas capacidades intelectuales en los años 70.-

Queridos lectores:
 

Por motivos técnicos del uso de blogger que desconozco en este momento, no es fácil acceder a esta entrada que publiqué en el año 2013.  Ayer Silvia Calvente, quien también estudió en el Instituto Padre Manjón de Granada, y que preside actualmente, la Asociación Atenea para familias con hijos de altas capacidades intelectuales, me pidió que volviera a publicarla.

 

Ahí va:

La vulneración de los derechos educativos de los niños de altas capacidades intelectuales en nuestro país, no siempre ha existido.  


Soy española, tengo altas capacidades intelectuales; fui identificada a los 7 años de edad en el año 73 por médicos de la Facultad de Medicina de Granada especializados en Medicina y Psiquiatría Infantil, que sabían del tema; la administración educativa me reconoció como superdotada intelectual, esto me permitió ser flexibilizada, acceder con 12 años, de forma extraescolar, a estudiar en la Universidad de Granada, Escuela de Traductores e Intérpretes, el Bachiller de Idiomas en Lengua Inglesa, y estudié ¡en España! en un Instituto Experimental Público para altas capacidades intelectuales que funcionó en Granada durante 20 años: desde 1965 hasta 1983 (en que nos topamos con un Gobierno socialista: confundiendo equidad e igualdad).:  El Instituto Experimental Público Padre Manjón de Granada. 

 
Este Instituto estuvo dirigido durante mucho tiempo por un Gobierno Rector formado por el Rector de la Universidad de Granada (de la que formaba parte, por ello el hecho de que sus instalaciones estén en el recinto de la Universidad), el Inspector Jefe de la Delegación de Educación de Granada, el Director del Centro Nacional de Educación y el Director del Instituto y su principal función era: acercar la Universidad a las demás enseñanzas, ensayar nuevas técnicas educativa y formar al profesorado.
 
El propio Instituto, como parte de nuestra formación, nos facilitaba la posibilidad de estudiar fuera de España mediante intercambios o sin ellos, lo que se podía hacer durante los meses de verano, durante un trimestre lectivo o durante un curso escolar completo: yo estuve estudiando en Inglaterra y mi marido, al que conocí allí, en los Estados Unidos: ambos formamos parte de la última promoción del Instituto Público Experimental Padre Manjón de Granada que, en septiembre de 1983, pasó a convertirse en un Instituto ordinario.


Si acudís a la página web del Instituto Padre Manjón y entráis en el apartado «Historia», encontrareis la base normativa de su creación y funcionamiento -lo que se podría reproducir legalmente en la actualidad-, sin embargo, veréis que no se refiere a las altas capacidades intelectuales (este término jurídico es de reciente creación, aparece con la LOGSE), sino que únicamente señala que los alumnos eran escogidos en base a la excelencia de su currículum académico.- Se exigía un nivel de Sobresaliente o Notable Alto de media.- Alto Rendimiento Académico.- Posteriormente nos sometían a todo tipo de baterías psicológicas, lo que nosotros llamábamos «rellenar cuestionarios».

Mi Instituto era, ante todo, un Instituto Experimental: practicaron con nosotros (y con los alumnos anteriores), todo tipo de experiencias educativas y materiales pedagógicos; experiencias y materiales destinados a la formación de los profesionales de la educación y que se ponían a disposición del resto de centros educativos y, por tanto, del resto de alumnado -lo que da fe de que el hecho de atender educativamente a las altas capacidades intelectuales es útil para toda la sociedad-.

 
Por ejemplo: fue el primer instituto mixto de Granada, el primero que contó con un Gabinete psicotécnico (germen práctico de los Orientadores) y el primero que «reglaba» los intercambios de estudiantes con otros países, … Dábamos clases de teatro y representábamos las obras en los teatros de Granada; teníamos un coro y grupos de música; dábamos clases con dinámica de grupo y por niveles de aprendizaje; pasamos cursos sin libros de texto -solo con apuntes o elaborando nosotros mismos los materiales-; durante un curso, las clases de literatura las dimos sentados en círculo en el suelo y tomando chocolate con churros; leíamos a los filósofos y los comentábamos en clase, antes de que nos contaran lo que de ellos se decía «oficialmente» (son de los mejores recuerdos de mi adolescencia); en las clases de Arte y de Historia del Arte, no sólo aprendías a dibujar, a esculpir o a trabajar con distintos materiales, sino a disfrutar y entender el Arte con mayúsculas; podías escoger entre Ética o Religión, y en esta última asignatura se estudiaba, en primer lugar, una «Historia de las Religiones», que fomentaba el conocimiento de otras formas de espiritualidad y, también gracias a sus docentes, la sana crítica de tu propia religión; escribimos y publicamos un libro de cocina y realizábamos trabajos sobre materias de actualidad; utilizábamos los primeros ordenadores (aquellos con discos floppy e impresoras de carrete); hacíamos exámenes tanto orales como escritos; exposiciones tipo «power point» con cartulinas; teníamos laboratorio de ciencias para hacer experimentos; podíamos aprender más de una lengua extranjera; hacíamos viajes de estudios culturales y, para prepararlos, teníamos que aprender a organizar todo tipo de eventos: fiestas, pases de modelos, obras de teatro, actuaciones musicales, concursos de cocina … desde la creación del proyecto: memoria del proyecto, búsqueda de patrocinio económico, publicidad … hasta su realización técnica: vestuarios, escenarios, luminotecnia y sonido…. y, sobre todo, nos enseñaron a pensar por nosotros mismos y a buscar información veraz.                          

Nuestros profesores eran, en su mayor parte, profesores/doctores universitarios, especialistas en su materia, y con unas ganas inmensas de hacer nuevos proyectos y formarse, los padres eran agentes activos de lo que hoy llamaríamos una «comunidad de aprendizaje» y los psicólogos del centro eran, también, agentes activos de nuestra comunidad, a los que podíamos acudir con nuestros problemas y proyectos y también podían hacerlo los padres y los profesores.

Socialmente, ha dado lugar a un fenómeno curioso: me he encontrado a muchos compañeros como padres de alumnos de altas capacidades intelectuales y casados entre sí, por aquello de «cada oveja con su pareja».

La pregunta del millón es ¿Porqué desapareció el I. E.P. Padre Manjón?  La respuesta es simple: por envidia.  Envidia que, curiosamente, fomentaron los docentes de enseñanza secundaria, quienes pensaban que “no había derecho a que existiera un Instituto al que sólo se podía optar como profesor cumpliendo una serie de elevados requisitos de formación y que daba clase a los mejores estudiantes, contaba con los mejores materiales y formación pedagógica y con un Gabinete psicotécnico que ayudaba a todo ese proceso de enseñanza”.
 
No os equivoquéis, también la sociedad puso su granito de arena: el prestigio social del alumnado del Padre Manjón llevó a que, todo aquel que era «alguien» en Granada intentara que sus hijos estudiaran allí, aunque para ello hubiera que “forzar” currículos.  Por supuesto, luego se quejaban de que sus hijos suspendían o de que un aprobado del Manjón era un Sobresaliente en cualquier otro sitio. Conclusión: los proyectos educativos específicos de altas capacidades intelectuales son solo para alumnos de altas capacidades intelectuales, porque su ritmo de adquisición de conocimientos y la complejidad mental de éstos es, cualitativa y cuantitativamente, diferente a la del resto.
 
Por último, apareció un Gobierno socialista que confundió la «igualdad de oportunidades» con la uniformidad educativa:  -la llamada “normalización”, hoy día, mal llamada “inclusión”-, que lo que ha conllevado es a la desatención educativa de estos menores y a la objetiva vulneración de sus derechos.

Supongo que todo el material educativo que generó el I.E.P. Padre Manjón debe encontrarse en la Universidad de Granada y en el organismo que haya sustituido al Centro Nacional de Educación. Me encantaría llevar a cabo un proyecto de investigación que sacara a la luz todo ese material, máxime cuando muchos de los profesores que impartieron allí clases, aunque jubilados, pueden participar su experiencia y porque los alumnos, no solo no tuvimos los problemas psicológicos asociados a la inatención educativa sino que, en la mayoría de los casos, disfrutamos hoy día de lo que se llama «éxito profesional y social».


Cuando mi hijo mayor fue diagnosticado por especialistas en altas capacidades intelectuales, -profesores doctores de la Facultad de Psicología de la Universidad de Granada-, como superdotado intelectual, con el fin de participar como sujeto de estudio en una tesis doctoral, el hecho de conocer los derechos de mi hijo como abogada y el haber vivido esta experiencia educativa, así como el comprobar la generalizada y sistemática vulneración de sus derechos por parte de la administración educativa, que le negaba los apoyos y ajustes necesarios que su educación requería, no hizo sino que actuara contra la Administración Educativa en defensa de sus derechos; así, mi primera demanda en este terreno, fue para exigir que le pusieran un profesor de apoyo.  Llegué a un acuerdo extrajudicial: le pusieron un profesor de apoyo a cambio de retirar la demanda; como aún así el tema no funcionaba, le invitaron a salir del sistema público y a marcharnos al privado, lo que hicimos y de lo que me alegro cada día. Luego vinieron las actuaciones para conseguir su doble flexibilización, o su efectiva atención diaria en el colegio y los problemas no cesaron en la Universidad.

Desde entonces he pasado 24 años interponiendo demandas judiciales contra la Administración Educativa en defensa de los derechos de los niños de altas capacidades intelectuales por todo el país, y siempre me encuentro con las mismas excusas por parte de la Administración, basadas en la ignorancia jurídica y científica:
 
Y SI, el incumplimiento de la Administración al denegar a estos niños su identificación, su evaluación y el seguimiento de ésta y los apoyos y los ajustes necesarios que requiere la educación específica de estos niños,  ES UNA VIOLACIÓN DEL DERECHO FUNDAMENTAL A LA EDUCACIÓN que recogen la Declaración de Derechos Humanos, la Convención de Derechos del Niño, la Convención de Derechos de las Personas con Discapacidad y la Constitución Española de 1978, artículo 27, en relación con los artículos 14 y 15, 10.2 y 96.1, lo que vienen reproduciendo tanto las Directivas Europeas de Educación como nuestras leyes orgánicas, y estas normas son leyes directamente aplicables en todo nuestro país y de obligado cumplimiento en todo el territorio nacional, tanto por el principio de jerarquía normativa como por el hecho de que LAS LEYES ESTÁN AHÍ PARA CUMPLIRLAS.
 
Y SI, el interés superior del menor o la obligación legal de que el niño sea escuchado, no son principios jurídicos sino DERECHOS DEL NIÑO, tal como nos ha tenido que recordar la ONU en sus informes de 2006, 2011 y 2018, sobre la vulneración de este derecho a la educación en España.
 
Y SI, desde los años 1970 la educación diferenciada de los niños superdotados (2,5% de la población escolar) y ahora, de los niños de altas capacidades intelectuales (10% de la población escolar) está establecida en nuestra legislación a nivel nacional; y SI, la aplicación de la Constitución Española, de la Convención de Derechos del Niño, de la normativa europea de educación (Directivas y Recomendaciones de la UE), es de obligado cumplimiento en todo el territorio nacional.
 

Y SI, la Administración Educativa está obligada a cumplir con la totalidad del ordenamiento jurídico, no solo con una parte. 

Y SI, todos los Colegios españoles están obligados a tener contemplada la educación de estos niños en sus Planes y Proyectos Educativos, en el apartado “medidas de atención a la Diversidad”.
Y SI, de nuevo, tras la LOMCE 18/2013, hay fórmulas dentro de la legalidad vigente,  para atender específicamente a las altas capacidades intelectuales en Centros que se especialicen en base a la calidad educativa en estos niños (art. 122 bis LOMCE). 

 

Y SI la Administración Educativa actúa, la mayor parte de las veces, en función de sus propios intereses como órgano y no cumple con la legalidad porque nadie, ni funcionarios, ni padres, -por distintos motivos-, lo exigen.  Los padres tienen mecanismos para exigir el cumplimiento de la Ley y los funcionarios ¡¡¡TAMBIÉN!!!. Si llegaran una montaña de escritos, demandando este cumplimiento de la legalidad a las distintas Administraciones, no podrían seguir mirando a otro lado.
 
Las leyes están para cumplirlas, las experiencias educativas en atención a las altas capacidades intelectuales están ahí y se han desarrollado en España, con alumnos españoles y por profesores españoles. Desconozco si el Instituto Experimental Público Padre Manjón fue único en su época o no, pero veinte años de experiencias educativas pioneras arrinconadas en el olvido es una muestra más de la «barbarie» que nos rodea y me recuerda -con sus diferencias, por supuesto – hechos históricos como la quema de bibliotecas.

 

¡Feliz fin de semana!